Idiosincrasia del rubiense
01/11/2009. Por: Jesús Acevedo Sánchez. Cronista Municipio Junín |
“No sea tan frasco”, era un dicho popular que simbolizaba el hecho de que no fuera tan pretensioso, tan vanidoso en su forma de ser o de vestir. Y es que no era para menos en los días del pasado siglo XIX, ya que hombres y mujeres disfrutaban del buen vestir y de los mejores productos de las Casas Comerciales, que venían expresamente de los mercados norteamericanos y europeos.
Ese gran beneficio, no sólo en el vestir y de la moda, sino en muchos adelantos tecnológicos de esa época, disfrutó el rubiense gracias a la bonanza del café, y comercializada por las casas comerciales mayormente alemanas, y otras de capital local, quienes enviaban sus cargas de café al exterior y de regreso los barcos venían aprovisionados de las mejores mercancías y maquinarias, motores, entre otros.
Esa acción comercial sustentada en el café, por más de siglo y medio, trajo consecuencias muy importantes en el accionar de los pobladores, que disfrutaron de los mejores trajes, corbatas, pañuelos, colonias, licores, bastones, paraguas, y las mejores telas para las damas, así como colonias, romantones, velos, medias, maquinas de coser a mano, tambores para la costura, sedas, hilos, revistas de moda, entre otros. También llegaron las mejores expresiones de la literatura, las cartas españolas, el poker, entre otras atracciones.
Todo ese mundo de innovaciones llegadas a Rubio a través del comercio de intercambio que se opero entre el siglo XIX y mediados del XX, permitió un notable acceso a las innovaciones del mundo occidental por parte de hombres y mujeres, que permitiría decir, que uno de los aspectos resaltantes de la idiosincrasia del rubiense, que no era otro que el vestir, fue de gran realce para los hombres y mujeres de esa época.
Cabe destacar la belleza de la mujer, y su hacendosa entrega a la faena del trabajo, ya que en el campo como en su propio hogar. La mujer de estas latitudes es afable, respetuosa, buena madre, gran amiga, y una luchadora perpetua por el bienestar de sus hijos, de su esposo y de sus familiares y amigos. Pero por encima de todo ello, la mujer exhibe una gracia y coquetería innata, que la lleva a un sitial de honor dentro del colectivo de nuestro pueblo.
Los hombres son dicharacheros, amigos de la conversa, de las expresiones populares, y muy amantes del trabajo y de la diversión. Gusta de la música en sus variadas expresiones, y de reunirse con sus amigos en las fondas y bares para compartir sus alegrías o tristezas. Existe en hombres y mujeres uno de los valores más importantes de la tierra que no es otro que la solidaridad, porque se aprestan a prestar su colaboración con sus familiares y amigos, e incluso con los extraños. El rubiense es cordial por excelencia, escucha a propios y extraños, colabora en todo lo que le sea posible con todos.
La gran mayoría de los habitantes profesan la religión católica, concurren a misa, y celebran fervorosamente la Semana santa y las fiestas de santos y de la patrona Santa Bárbara, el 4 de diciembre de cada año.
Tienen los habitantes un alto interés por las manifestaciones culturales y tradicionales. Preservan su propia manera de expresarse, y no gustan mucho de las músicas y expresiones culturales foráneas. Aquí aún se aviva el “Pato Bombiao”, baile de expresión musical y de intervención poética que es muy propio de estas latitudes. Se celebran las fiestas de Navidad, Año Nuevo, Reyes Magos, Carnavales, La Calendaria, Semana Santa con sus procesiones en las calles, se veneran la virgen de Sata Bárbara, la virgen del Carmen de Cuquí, la virgen de la Fortuna de Caña de Aguas, se celebran las festividades de San José, San Vicente Ferrer de La Revancha, San Isidro Labrador en Río Chiquito, y muchas actividades más como la Feria y Fiestas, en honor a la patrona.
Unido a ese campo religioso los rubiense son fieles creyentes de las divinidades espirituales y sobrenaturales. El rubiense concurre a la protección divina de los espíritus, reza una serie de plegarias y contras en procura de la asistencia divina. Conserva y práctica muchas creencias, entre estas: colocar la herradura en la puerta de su casa, bendición de la palma para los momentos angustiosos y de desastres, cree en el “mal de ojo”, el cual no curan los médicos, profieren oraciones para evitar la mordedura de las culebras y escorpiones, rezan a distancia las gusaneras de los animales, prenden velas a las ánimas benditas, y muchas prácticas más, que permiten decir que el rubiense no es del todo un creyente de una sola divinidad, sino que busca ayuda por otros medios para él y sus familiares, a través de lo mágico espiritual.
Esa constante demostración del rubiense hacia las actividades de orden religioso y mágico espiritual, permiten indicar que el rubiense es un fiel creyente de la acción bondadosa de Dios, y es un ser que día a día lucha en unión de todos los suyos para lograr el desarrollo de su pueblo y de su comarca.
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Recuerdo de Tulio Chiossone
Por Elio Gómez Grillo
15/10/2009. Fuente: ultimasnoticias.com.ve
Enviado por Didio Peña |
Tulio Chiossone
Acaba de cumplirse otro aniversario del nacimiento de don Tulio Chiossone (16/9/1905- 26/12/2001), uno de los grandes compatriotas del siglo XX y de todos los tiempos venezolanos.
Tachirense, de Rubio, se hizo doctor en Ciencias Políticas de la ULA merideña, en la cual se lo designó, al graduarse a los 24 años, como profesor de varias cátedras jurídicas diferentes.
Su tesis de grado, Anotaciones al Libro Primero del Código Penal Venezolano, será obra de consulta permanente. Al mismo tiempo, publica su primer poemario, Rocas y azul, y su primer trabajo penal, Delincuentes infantiles, hace periodismo de opinión y oficia como juez civil y mercantil. Por si fuese poco, en Caracas, en 1936, publica un folleto que titula Organización penitenciaria venezolana, que constituye la partida de nacimiento del penitenciarismo moderno venezolano.
La doctrina que predica en ese fascículo penitenciario histórico trata de hacerla realidad cuando desempeña importantes cargos públicos: inspector general de Cárceles y Penitenciarías, secretario de la Presidencia de la República, presidente del estado Mérida, ministro de Relaciones Interiores, procurador general de la nación, presidente de la Cámara de Diputados, magistrado de la Corte Suprema de Justicia. Elabora la Ley de Régimen Penitenciario y su Reglamento, vigente hasta 1961. Su fulgurante carrera pública termina cuando aún no ha cumplido los 40 años de vida. Su prodigiosa capacidad de trabajo la dedica entonces a la docencia universitaria y a la publicación de una inmensa obra jurídico-penal, filológica, histórica, política, literaria, que agrupa docenas de títulos, que enriquecen la cultura venezolana y erigen con méritos suficientes la figura de humanista insigne que fue don Tulio Chiossone.
En este nuevo aniversario de su nacimiento, recordemos a don Tulio Chiossone como un verdadero hacedor de patria.
Sabio en su serena dignidad de pulcro funcionario público, en la majestad de su obra escrita y en la grandeza de su magisterio de juventudes, contribuyó a hacer y a engrandecer a Venezuela. Si la gloria consiste en ser grande y en ser útil, como lo quería Bolívar, su vida fue gloriosa.
[Ver: Escritores de Rubio: Tulio Chiossone]
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Las curvas del "Muchachote"
05/10/2009. Fuente:
La Nación. Glorias del Deporte. Edición Aniversaria 36 años. 19/12/04 |
Tulio Hernández: El "Muchachote" de Rubio
Lo vi lanzar contra el club del Ministerio de Obras Públicas. Fue uno de los tantos duelos que se anunciaban en el béisbol. Nos acomodamos en la tribuna y sin pestañear, observamos el movimiento de los pitchers.
Un domingo, de esos alegres, en el Estadio Táchira. La cita para las 10 de a mañana, y nos esperaba un duelo de lanzadores.
Trepando la pared del righ field se podía llegar a los bleachers de la derecha en el Estadio Táchira, y allí nos instalamos varios amantes de este deporte. Lo entendíamos a medias, pero era suficiente.
Y comenzó el encuentro. Por el MOP se encaramó en la lomita Alí Sulbarán, un zurdo, “importado” de la capital del país, que vino a reforzar a los “pericos” mopistas. Sacó el primer inning por la vía del 1,2 y 3. Cero carreras, cero hits, cero error.
Cerrando el episodio, subió al montículo el estelar del Deportivo Rubio, Tulio Hernández, unos le decían “Burro Negro” y otros, el “Muchachote de Cuquí”. Le conectaron un hit, pero dominó a los restantes bateadores para sacar un buen cero.
Así transcurrió el compromiso, con ese duelo de lanzadores. Al concluir el noveno tramo, el Ministerio de Obras Públicas se acreditó el triunfo con pizarra de 4x 3, en un verdadero duelo de lanzadores.
Y Tulio siguió lanzando.., De esa época al día de hoy, mucha agua ha corrido por debajo del puente. Hoy día, el gran Tulio Hernández se mantiene un tanto alejado de la actividad, porque señala que una rodilla le molesta al realizar muchos desplazamientos.
Una conversación agradable con el personaje en el Estadio “Tulio Hernández”, inaugurado en su homenaje el 4 de diciembre de 1976.
Nos cuenta don Tulio que estudió en El Tocuyo, estado Lara, durante 7 años, hasta el 36, y regresa a su tierra natal, aldea Cuquí del municipio Junín, donde dedica parte de su tiempo libre a jugar “caimaneras” con equipos de Rubio. Utilizan como estadio una plazoleta, sembradío de caña de azúcar.
Entre el año 38-39 se muda a Rubio y aumenta la actividad en el béisbol, viajando a San Cristóbal para jugar con equipos de puros criollitos, es decir, puros tachirenses. Llegamos al 40-41, años en que recuerda se fundo el Vargas con ayuda de don Leonardo Alarcón y otras notables familias de Junín, Todos grandes deportistas.
Nacido el 9 de junio de 1923, y bautizado como Félix Maria Hernández, nadie o casi nadie lo conoce con ese nombre. Siempre le han llamado don Tulio Hernández, un atleta de grandes condiciones en el béisbol, practicando otras disciplinas como hobby.
Su historial en el béisbol es de buen repertorio. La mayor parte de su actividad con el Deportivo Rubio, un equipo que, al igual que Magallanes, sembró aficionados en todo el estado Táchira. En el béisbol “AA”, década del 60, participa en los torneos junto al Ministerio de Obras Públicas y Guardia Nacional.
En el rol de manager, dirigió en cinco oportunidades la selección del Táchira, logrando el subcampeonato en el Nacional de Cumaná y en San Cristóbal contra Distrito Federal, categoría ‘AA”.
El juego, es decir la conversación, va llegando a su final. En el año 76 decide retirarse de la actividad peloteril, por un dolorcito en la rodilla izquierda. Dice que hoy día, con 81 años, disfruta de los recuerdos que le dejó esta disciplina. Jugó béisbol toda su vida y “todo lo que soy se lo debo al béisbol”.
Don Tulio Hernández, o Félix María Hernández dice que hoy en día ha desmejorado ese deporte, por dos razones fundamentales: 1) la falta de verdaderos dirigentes y 2) por lo costoso de los implementos. Se apagaron las luces, cerró la puerta el estadio. Ha concluido el juego, y en la hoja de anotación vamos a escribir: PG (pitcher ganador) don Tulio Hernández.
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133 años del nacimiento del poeta Eleazar Silva
11/09/2009. Por: Nerio Vergara. Fuente: lanacion.com.ve |
Eleazar Silva, a 133 años de su nacimiento
El modernismo tachirense se asomó en nuestro estado aupado por el periodismo de ese tiempo; arropando a uno de los poetas más desconocidos, pero quien encarnó con más ahínco esta corriente. Corría el año 1944 y se inauguró el Ateneo de Rubio, mejor conocido como "Salón de Lectura de Rubio", y para tan importante acontecimiento, el Ejecutivo del estado encargó al grupo "Yunke" la tarea de publicar, como justo homenaje, la obra del vate rubiense. Eleazar Silva nació en la Ciudad Pontálida, el 11 de septiembre de 1876, hace exactamente 133 años. Indudablemente, es poco lo que podemos encontrar de su corta e ignorada vida; sin embargo, conocimos que estudió, como lo hacía la mayoría de los jóvenes de su época, en Bucaramanga- Colombia, donde el azar lo hizo tropezar con el maestro Ismael Enrique Arciniegas, quien lo encaminó en la lírica.
Es en una velada, en un club de esa ciudad, donde se celebraba la independencia de Colombia, cuando emerge al cosmos poético el Díaz Mirón de Rubio. Al terminar sus estudios regresa a San Cristóbal, allí se dedicó a llevar la contabilidad en una casa comercial. Ungido de la presencia modernista realiza su obra, la cual se difunde a través del "Cojo Ilustrado", "El Eco de Santander", "La Pluma" del profesor Arciniegas, "El Fonógrafo" en Maracaibo, "El Debate" y "Horizontes" de esta ciudad.
De su obra se conoce un libro, en el que se recopilan sus mejores poemas y es del año 1944, compuesto de cuatro partes: "Presencia de la Patria", "Ternuras y Devoción", "Motivos Líricos" y "Elegías". En toda la obra de Eleazar Silva se evidencia la influencia del Modernismo, cuando nos encontramos ante la riqueza de palabras, las sinestesias, que son imágenes visuales y auditivas, los arcaísmos.
Sus sonetos evocan objetos que surgen imprecisos, influenciados por el pensamiento baudeleriano; otras veces hundiendo al lector en un ambiente bucólico. Entendemos que la intención de Eleazar es sumergirnos en la evocación por medio de visiones imprecisas y delicadas.
El destino signó a este poeta para que un día dejara los salones donde realizaba sus veladas poéticas y se marchara para Carúpano detrás de una utopía…guerrillero. Allí su vida poética se apagó cuando una bala segó sus sueños, llevándose su valor, su altivez y sobre todo, su poesía; muriendo el 8 de octubre de 1902.
En agosto de 1992, un grupo de poetas rubienses, aupado por el poeta Segundo Medina, creó un taller literario en honor a este ilustre hijo de Rubio y aunque casualmente fue efímera su vida, quedó en los vericuetos literarios "Magin", como testigo de la creación literaria de ese momento.
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La inundación de 1931
09/09/2009. Recopilación: Jesús Acevedo, Cronista de la Ciudad |
Esta sonada desgracia sucedió el día primero de noviembre, que fue domingo, a las 12 de la noche; el día 2 se celebra el día de Difuntos; para celebrar estas fiestas suelen venir muchos fieles de todas las Aldeas, pasando la noche en la ciudad de Rubio. El lugar de la trágica inundación se llamaba “Los Corredores”, donde estaba el mercado y donde se reunía la mayor parte de los forasteros a pasar la noche en fondas y cabaret. Muchos ya estaban dormidos; otros continuaban la parranda; dicen que los bailes esta noche se ejecutaban sin vestidos, cosa increíble y nunca visto aquí; por esto el pueblo tuvo y tiene, esta repentina crecida de las aguas, como castigo del cielo. El hecho sucedió así: Aquella noche descargó tan formidable tormenta en el valle y cuenca de la quebrada Capacha, que el agua cayó a torrentes, desbordando los diques ya desde la Palmita en el puente del mismo nombre, que está a unos 200 metros más arriba y bajando con impetuosidad por la carretera y sus lados se reunió en el recodo que la quebrada hace en el puente, que llaman de los Suspiros, rebasó los muros de contención, que defienden “Los Corredores” y se precipitó por el mercado y las casas de sus alrededores, arrastrando cuanto encontró: puertas, ventanas, enseres, personas, etc., tanto a la parte norte como al sur de la Plaza “Junín” y lo arrastró al río Carapo, que allí se junta con la quebrada Capacha. Tanto las personas que estaban de parranda y baile, como las que estaban durmiendo perdieron sus vidas en esta catástrofe sin precedentes en esta ciudad. El Sr. Rufino Pérez, Maestro de la actual Obra del Templo, me dijo que, conocidas por él, murieron 60 personas: de las desconocidas no sabe cuantas, pues las había de todas las Aldeas, que habían venido a la fiesta de los Santos y Ánimas, y aquel lugar era el más concurrido de toda la población; así como niños y personas de poca edad.
Otros atribuyen este hecho a un castigo de Dios por el sacrilegio, que en tiempos atrás, el año de 1895, unos cuatro hombres cometieron contra una santa Cruz, que un Misionero español, Rojas de Molina, había colocado en el cerro de “Escaleras” al norte de la población en un lugar que domina toda la ciudad, cobijándola bajo su protección; estos hombres desalmados arrancaron la dicha Cruz, la llevaron a una taberna o botica; unos días después la sacaron de su escondite, la envolvieron en unos encerados o coletos a los que impregnaron de querosén y, en medio de la Plaza Colón, ahora Plaza Bolívar, que está frente a la fachada del templo parroquial, le prendieron fuego; pero los fieles se dieron cuenta a tiempo y la libraron de las llamas. Esta Cruz se conserva, con sus cicatrices en la Iglesia actual, donde se le da culto y veneración por los fieles devotos. Los que cometieron este sacrílego atentado murieron todos desastrosamente.
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La Casa de los Abanicos
18/05/2009. Jesús Acevedo: Cronista del Municipio
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Edificación esquinera ubicada en un cuarto de una manzana, desarrollada y ejecutada a comienzos de la primera década del siglo XX por constructores anónimos bajo pedido del Sr. Teófilo Sánchez un importante caficultor del lugar, su primer propietario, edificada en dos cuerpos horizontales de uno y dos niveles de doble altura organizada en torno a dos patios centrales frontales con corredores, siendo utilizados en su ejecución materiales y técnicas constructivas comunes al lugar y a la época, de muros de tierra y techos de vigas de madera con caña brava con teja criolla, láminas de cinc y recientes losas planas, siendo una construcción que por preservar muchos de sus rasgos originales, es representativa de las viviendas de dos plantas de arquitectura tradicional de principios de siglo XX en la localidad.
La vivienda del Sr. T Sánchez, para los días de su construcción, estaba ubicada en los límites del pueblo hacia el extremo sur, hasta que en 1944 las obras conmemorativas al Sesquicentenario de pueblo, incentivan el ensanche del mismo, hasta entonces la vivienda era la sede desde donde se administró la finca la Azucena, e incluso allí se procesó y almacenó el café producido en dicha finca, disponiéndose de patios de secado depósitos y caballerizas dentro del cuarto de manzana que ocupa.
El Sr. T Sánchez mantuvo buenas y cercanas relaciones con los administradores de las casas de comercio alemán asentadas en la localidad, siendo su prosperidad tan grande que a comienzos de 1930 envía al mayor de sus hijos (Teófilo Sánchez Hijo) a cursar estudios de medicina en Alemania, al regreso de este en la década de los 40´s hereda la vivienda de la familia, y bajo la presión de la expansión urbana muda las funciones de beneficio del café a la finca.
La vivienda deja de ser la casa de habitación de la familia en 1948, al construirse una nueva por en cargo del Dr. Teófilo Sánchez (hijo), y siguiendo un juego de planos traídos por él desde Alemania al regreso de sus estudios, siendo ubicada dicha vivienda en la Av. Las Américas, (actual Av. Manuel Pulido Méndez).
Perdido el interés de los herederos sobre la vieja casa es vendida a un joyero que la divide y alquila en locales comerciales, conservándose así hasta hoy día como una edificación de usos residencial y comercial.
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Los Corredores
Jesús Acevedo, Cronista del Municipio |
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El barrio de Los Corredores, conocido documentalmente como el cerro de Doña Cesárea, se extiende entre los cauces de la quebrada La Capacha que lo baña en sentido noroeste y del río Carapo en sentido suroeste, ya que a pocos pasos la quebrada rinde sus aguas al caudal primario de la población. Dentro de su espacio convergen edificaciones y construcciones que son interesantes caracterizar para una mayor visualización del espacio estudiado.
Este sector conforma uno de los núcleos primigenios de la población rubiense. Se caracterizaba en tiempos pasados por contener aleros a ambos lados de la calle. Con el tiempo desapareció el alero del lado Este y quedó el del Oeste, de estilo netamente colonial, con soportes de madera, techos de teja, y pisos de ladrillo quemado.
Conjunto de edificaciones continuas de amplias aceras techadas a manera de galería abierta o corredor, ubicado en el viejo casco central de la ciudad de Rubio, a lo largo de una calle limitada en sus extremos por dos cauces de agua conectada a dos puentes, edificada por los pobladores de la localidad a mediados de el siglo XIX, en este conjunto las concepciones, técnicas y materiales empleados para su construcción son los tradicionales heredados de la colonia española, al punto que son una muestra representativa de las edificaciones civiles del pasado siglo anteriores.
En aquel conjunto de edificaciones las paredes de tapias son el cerramiento y apoyo estructural común, alineado en una sola fachada, y una misma cubierta de inclinación constante que cubre una acera de tres metros de ancho, en las que hacían funcionar puestos comerciales, estando definido este corredor por un columnata de madera apoyada en gruesas bases de mampostería, descansando sobre estas columnas la viga que recibe el amplio alero de estera de caña, barro y teja criolla.
Sobre las fachadas lisas se distribuyen los portales y puertas de acceso a los locales comerciales y detrás de estos se desarrollaban las viviendas, por tanto las fachadas solo cuentan con vanos de puertas de doble hoja de madera maciza, desprovisto de ornamentos.
La organización lineal de la fachada trae consigo un orden horizontal, en el que los altos pórticos seriados imprimen el ritmo y el contraste a la composición, en la que los elementos destacan por la sencillez de su funcionalidad, carente de un estilo o propuesta estética orientada por la decoración y el ornamento, entre los que se señalan los elementos estructurales de madera austeros funcionales exhibidos en su naturaleza de elementos portantes repetitivos imprimen ritmo en el esquema de organización general.
El conjunto de hoy día posee unos acabados de la calle empedrada con senderos de concreto para los vehículos automotores, aceras de terracota, por la que ahora están empotradas la líneas de servicios sanitarios, la electricidad y el teléfono, las maderas nuevas de aspecto envejecido reproducen y complementan una intervención que restaura las fachadas sin consolidar o recuperar el resto de las edificaciones, interpretando en ese arreglo que todo el pueblo viejo era de muros calados imponiendo una imagen prejuzgada que no es cónsona con el colorido y variedad bajo el que se forjaron los nombres de la Guaira, o Macuto entre otros.
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