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LA MUJER QUE CAMINABA POR LOS AIRES
Jesús Acevedo, Cronista del Municipio |
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José María sabía que ese día el trabajo sería muy duro. Larga había sido la jornada para él y sus compañeros de oficina de Ingeniería Municipal midiendo los terrenos del naciente barrio de San Martín, El pueblo de Rubio había empezado a crecer y ahora la acción urbanística tendía hacia la parte Sur de la ciudad. Corría el año de 1950.
Como cosa natural en este tipo de acciones, los nuevos vecinos habían colocado su fogón donde se preparaba un suculento sancocho de gallina y de costilla de res y las suculentas verduras y la apetitosa mazorca.
Poco a poco al caer la tarde fueron despidiéndose los vecinos y José María en compañía de Martín y Hermes y de algunos vecinos decidieron marchar al Bar Las Américas.
Una y otra ronda de cerveza fue servida sobre el mostrador y los trabajadores y vecinos fueron poco a poco vaciando los envases. Ya a las nueve de la noche el grupo solo lo conformaban José María, Martín, Hermes y Carlos Agelvis y decidieron para motivarse más marchar al billar de Grillo cercano al puente viejo de San Diego, única ruta en esa época que llevaba hacia las zonas de las Dantas y de San Antonio del Táchira. |
Vinieron entonces las partidas de billar y el pago de la cuenta de cerveza de quien perdiese la partida. Primero se unieron José María y Carlos Agelvis y fue para sus oponentes imposible el poderles ganar. En vista de ello, Carlos que era el más pícaro y hablador decidió cambiar de compañero y la pelea fue muy ardua. En medio de tragos y juego se dieron las dos de la madrigada. Hasta que Juancito, el encargado del billar, les indicó que ya era hora de cerrar.
Saliendo del local José María vio la figura corpulenta de William Ramírez, que venía subiendo por la calle Colombia y desde la puerta le gritó:
-William, espéreme para que nos vayamos juntos.
Al verse aludido, se acercó y en medio de risas y de bromas Hermes, Martín y Carlos Agelvis montaron en el Jeep de Martín y se perdieron en la noche.
-Quédate con tu gordito, le dijo Hermes soltando una amplia carcajada.
-Nos vemos viejo Quaker…
José María se puso a hablar con William y tomaron camino al puente viejo de San Diego. En medio del puente William dijo:
-Oye José María, no nos venderán una botellita de ron el Juancito, yo cargo diez bolívares, con eso lo compramos, todavía no tengo sueño.
La puerta del billar ya estaba cerrada. William tocó fuertemente a ella y desde el fondo alguien contestó.
-¿Quién es?...
-Yo, José María, quiero que me vendas medio litro de ron.
Sin abrir la puerta Juancito corrió uno de los postigos de la ventana y por allí les entregó la botella de ron. William pagó y dieron las gracias, volviendo nuevamente a encaminar sus pasos hacia el puente de San Diego. José María abrió la botella y bebió un trago largo.
-¡Coño!, esto está que quema, exclamó.
William tomó su trago y en medio de risas pasaron el puente. De pronto como si hubiese surgido de las sombras vieron a una mujer que venía a lo lejos bajando por la calle principal.
-Mira, mira, exclamó José María, es una mujer, pero a estas horas,…
William miró pero sin prestarle mayor atención al hecho siguió caminando.
-Debe ser alguna enfermera que va a trabajar, dijo William Ramírez, viene toda vestida de blanco.
Ya en la esquina al pasar el puente donde se encontraba la bodega de Avilio Prato, uno de los eternos músicos rubienses, José María volvió a mirar a la mujer que venía ya bajando por el frente de la Escuela Chiquinquirá de Henríquez.
-¿Qué alta es, y camina muy bonito, parece una gacelita, dijo José María, que ya los tragos le hacían ver visiones.
-Quieto, quieto mi hermano, exclamó William, dice mi padre que a las mujeres solas después de la doce de la noche ni se les mira, ni se les habla, así que sentémonos aquí en la acera y veámosla pasar.
José María y William se sentaron. La mujer llegó a la esquina, cruzó la calle y casi los roza con su vestido blanco. Al pasar junto a ellos, sólo les dijo:
-Buenas noches, que hacen por ahí tan solitos… y sin darles tiempo de emitir respuesta alguna siguió rumbo al puente.
José María levantó la botella y bebió un largo trago.
William siguió a la mujer con los ojos, vio cuando esta llegó al puente y de pronto regresó. William, en su afán por avisar a José María le insertó un codazo en el estomago, cuando este prendía un cigarro, diciéndole muy bajito.
-Mira, mira la mujeres regresó.
Ellos la vinieron venir. Al pasar de nuevo frente a ellos notaron que una risa seductora se vislumbraba en su rostro Sentados allí en el suelo de pronto notaron que sus pies no tocaban el piso. William fue el primero que hablo:
-¡Oh!, Dios mío, esa mujer esta caminando por los aires.
José María sintió que los pelos de su cabeza se habían como electrizado, un fuerte escalofrío le rondó por el cuerpo y sin dar más tiempo se levantó violentamente del suelo y corrió hacia su casa. William al darse cuenta de los hechos y mirando a la mujer que volvía de nuevo a subir por la calle levitando sobre el suelo, comenzó a correr detrás de José María, quien al llegar a la puerta de su casa a escasos metros se había desmayado.
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LA PRIMERA PETROLERA VENEZOLANA
[Tomado de Venezuela Enciclopedia Temática. Tomo I, p. 160. Círculo de Lectores] |
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Manuel Antonio Pulido, José Antonio Baldó, Ramón María Maldonado, Carlos González Bona, José Gregorio Villafañe y Pedro Rafael Rincones, fundadores de la primera empresa petrolera venezolana en 1878, La Petrólia del Táchira. (Colección Archivo El Nacional) |
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La primera experiencia petrolera íntegramente venezolana la realizaron hombres del estado Táchira: Manuel Antonio Pulido, José Antonio Baldó, Ramón María Maldonado, Carlos González Bona, José Gregorio Villafañe y Pedro Rafael Rincones, quienes crearon privadamente y con un capital de 100.000 bolívares, el 12 de octubre de 1878, la empresa La Petrolia del Táchira, casi cuarenta años después de las apreciaciones del doctor Vargas sobre los recursos petrolíferos del país.
El 3 de septiembre de 1878 el gran estado de los Andes (Táchira) otorgó a la señora Dolores de Pulido, los derechos exclusivos para la explotación por 50 años, de 100 hectáreas en Cerro Negro y La Alquitrana, cerca de Rubio. El interés por esta iniciativa nació como consecuencia del terremoto del 18 de mayo de 1875 que sacudió la región tachirense y provocó la aparición de menes en La Alquitrana.
Para conocer y familiarizarse con las operaciones petroleras estadounidenses, Pedro Rafael Rincones visitó los estados de Nueva York, Pensilvania y Ohio. Además de los conocimientos adquiridos, Rincones trajo a Venezuela equipos, materiales y herramienta para perforación y producción de pozos y refinación de crudos. Adiestró al personal venezolano requerido por La Petrolia, y por todo lo que hizo por iniciar el desarrollo de la industria de los hidrocarburos en Venezuela bien merecido tiene el calificativo de pionero en la transferencia de tecnologías petroleras.
La Petrolia permaneció en el registro de comercio durante los años 1878-1934. Su actuación fue muy modesta. A su primer pozo, el Eureka-1, le siguieron otros que dieron pequeños volúmenes de producción que escasamente alimentaban una pequeña refinería que procesaba 15 barriles de petróleo por día, cuyo principal producto de exportación hacia pueblos de Colombia era el kerosén. Esta experiencia tiene mucho mérito empresarial porque preparó a los primeros trabajadores petroleros del país. Rincones, además de realizar las actividades gerenciales y operacionales a su cargo, fue un gran relacionista y comunicador. Para mantener al personal, allegados y visitantes informados sobre las gestiones de la empresa, él mismo hacía la publicación institucional The Petrolia Star, primera en su género en Venezuela.
Infortunadamente, este intento de venezolanos emprendedores con fe - o con esperanza - en su país, se arrastró lánguidamente y hubo de cerrar el 8 de abril de 1934, después de más de 50 años de labor.
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MANUEL ANTONIO PULIDO MÉNDEZ
[Tomado de www.etirmanuelpulido.com] |
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Nació en Rubio, Estado Táchira, Ciudad fundada por un antepasado suyo, Don Gervasio Rubio el 12 de Octubre de 1898. Tardíamente empezó sus estudios en Tariba con los padres Salesianos y los terminó en el Liceo San José de los Teques en 1920. Siendo estudiante de Medicina tomo parte en el Movimiento de 1921, contra la tiranía de Juan Vicente Gómez y poco después junto con Miguel Zúñiga Cisneros, asistió como delegado de Venezuela al Congreso Internacional de Estudiantes, celebrado en México, en donde permanece exiliado y continúa sus estudios de Medicina en la Universidad de San Nicolás de Hidalgo en Morelia, Michoacán, en donde da clases de Psicología en la Escuela normal de Morelia.En 1926 se traslada a Madrid, donde se gradúa de Medico y traba estrecha amistad con los grupos intelectuales que pondrían en marcha la Democracia Española Republicana.
De regreso a su país ejerce la profesión y vuelve al exilio a finales de 1928,nuevamente a Madrid y Cúcuta, Colombia, donde persiste en la lucha contra la Tiranía. Al morir Juan Vicente Gómez es nombrado Presidente del Estado Táchira, |
Dr. Manuel Antonio Pulido Méndez |
Rector de la Universidad de los Andes, en donde además ejerce el Profesorado de Fisiología y Patología general en la Facultad de Medicina.
Fue embajador de Venezuela en Uruguay, Perú, Brasil, México y la Santa Sede, en donde le 3 de Diciembre de 1952, renuncia ante su Santidad Pió XII tras el cercenamiento de la Libertad ocurrido en Venezuela. México lo acoge nuevamente como asilado político y allí se incorpora a la actividad Médica en el Instituto Nacional de Cardiología junto a su antiguo maestro Ignacio Chávez. Regresa a Venezuela en 1958 para representar al País en Uruguay Y Francia.
Su obra, Ese Andar y Desandar Venezolano Universal, de la Filosofía a la Historia de la Poesía al Drama, tuvo como guía la Libertad y la Justicia que dieron forma espiritual a la Venezuela actual
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EL ESPANTO DE LA GUAIRA
Martín Suárez Albarracín |
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En las postrimerías del siglo XIX, sucedían en esta ciudad Pontálida muchas cosas raras; guerras, alzamientos, pestes, en cuanto a lo material, en las fantasías muchas narraciones de “La Llorona“, “La Mula Maniada“, “El Tarrayador“, “El Anima Sola” y muchas más que se convertían en los chismes del día comentados en la mayoría de los ambientes sociales. Para tantos males de la humanidad el pueblo siempre ha aceptado una devoción o muchas, y escoge. Una de las devociones de la época fue “La Mano Poderosa” y con este lema se afrontaba cualquier peligro, cuando el que lo invocaba tenía fe y así se contaban milagros que nadie podía constatar como verdaderos.
Por esto cuando Peñalosa está en el Táchira y se opone al mandato del General Castro, rezaban, los que no creían en la rehabilitación: “Mano Poderosa ayúdale a Peñaloza” y esto era un dicho muy popular, pero los contrarios que sostenían la rehabilitación y que no se dormían, buscaron la contra de la oración y decían: “Poderosa Mano ayúdale a Cipriano“.
Al darse cuenta el conjunto de autoridades de este desorden, pidieron al jefe civil que diera un “Bando” (esto consiste en tocar fuertemente y con determinado sonido una tambora en las esquinas de las calles y al aglomerarse la gente curiosa, el alguacil daba lectura al “Bando” lo que hoy se llama disposición oficial en el que se aplicaban fuertes sanciones a los de los rezos partidistas.
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En esta época había un Quijote inteligente y preparado que ocupaba una posición bastante buena en la sociedad, heredera de los “Carapos “. Este notó la candidez de los moradores y los prejuicios que tenían por “La Llorona“, “El Ánima Sola“, y otras historias de misterio.
Su dulcinea vivía como a siete cuadras de distancia y no siempre se podía ver en la casa del galán porque la diferencia social era muy notoria. En esta época, afortunadamente para Rubio ya superada, el alumbrado público era con Kerosén y se usaban faroles a cada 100 ó 200 metros en las esquinas. Después de las siete de la noche eran muy pocos los que transitaban por aquellas calles que eran empedradas, con monte, basura y una cuneta de piedras por el centro como desaguadero
Además era peligroso andar a oscuras, pues cada hombre la menor arma que portaba era una “marranera” (cuchilla aguda de matar cerdos), nuestro personaje vio que era muy fácil hacer la travesía de seis cuadras embozándo el rostro para no ser conocido por nadie, procurando pasar lejos del farol cuya luz a las ocho de la noche ya era muy débil, pues el “Farolero” (inspector del alumbrado público) suministraba muy poco Kerosén para ahorrarlo y economizar unos reales, de tal manera de ponerse un sobresueldo
Caminando las seis cuadras llegaba Quijote a un solar que había en la esquina y allí detrás de un matorral se disponía a acomodarse su indumentaria que consistía en una especie de disfraz de dominó, con alta capucha, que lo transformaban en un bulto negro, tétrico, de dos metros y medio de altura. Muchos de los que vieron este espanto se privaron del susto. Así iba pasando el tiempo y la leyenda del espanto se comentaba cada día “es una alma en pena” decían unos; “es un tesoro enterrado” decían otros’. Los que habían visto encapuchado tenían la esperanza que para ellos era “el entierro”.
Había un ventorrillo donde se reunían los “Pájaros Bravos” (hoy se llaman Club) donde se empezó a comentar en serio lo del espanto tan alto y tan terrible. En las reuniones tomaban mucho “Cachicamo” aguardiente destilado de contrabando que siempre venía de Capacho y Barro Amarillo. El dueño del ventorrillo fomentaba a más no poder las tertulias porque así se prolongaban las libaciones y siempre estaban formando planes para salirle al espanto pero ninguno se resolvía.
Pasaron algunos meses y el amor propio de los del corrillo se fue comprometiendo y expresaban “como decís que sos tan guapo”, salile al espanto
“A que si le salgo. Vamos una apuesta”, le dijo un pesero a un marranero, pues estos gremios han sido según el pueblo bajo, los audaces y valerosos hasta para tomar “cachicamo”. Concertaron un día formalmente la apuesta y el carnicero se armó de marranera, garrote y una cabra mocha (el antiguo revólver). No sin antes haber envuelto ramo bendito a las empuñaduras y ponerle incienso bendito que suministró el sacristán para el cachicamo. El pesero se recostó de espalda a una puerta a esperar el espanto que al fin apareció y cuando estaba a unos cuatro metros de distancia le dijo con todo énfasis:
“Diga de parte de Dios que necesita o le disparo mi revólver”.
Don Quijote comprendió el compromiso en que estaba metido y antes de que el medio borracho le disparara se quitó la capucha, se dio a conocer y le rogó al pesero que le guardara el secreto ofreciéndole una buena propina.
Muy pocos supieron de esta historia porque el secreto fue guardado a causa de que el Quijote era persona de importancia.
Sacamos en limpio que el amor a las dulcineas y actuar en falso da para muchas historias, y por eso es que las mismas quién las hace... les cuesta algo...
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Lolita Robles de Mora
LA CUEVA DE LOS SANTOS
(Tomado de "Leyendas del Táchira" Tomo I
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Muy cerca de la ciudad Pontalida se encuentra la aldea canea. El terreno es sinuoso por estar muy cerca de la cordillera El Volador, donde colindan los municipios Bolívar y Junín. La montaña esta cortada en lajas de tonos que van desde el rojizo al amarillento. Estas lajas están salpicadas de orquídeas. Pequeñas llanuras cubiertas de hierba, matorrales y árboles corpulentos: orumos de hojas palmeadas, guamos, bucares, ceibas y pardillos. El clima es fresco y agradable.
La principal atracción del lugar es la Cueva de Los Santos, llamada así porque en una de sus galerías hace tiempo encontraron santos grabados en las paredes. Hoy esta galería ha desaparecido, posiblemente tapiada por rocas y arena.
Los amantes de la espeleológica suelen penetrar a la cueva provistos de linternas, picos, palas, cuerdas, etc. Lo primero que encuentran es un gran recinto de paredes de roca amarillo-rojizo y piso de arenisca. En las rocas están escritos los nombres y fechas de las personas que la han visitado; la sala esta en semipenumbra. A la derecha se encuentra un recinto más pequeño y oscuro habitado por murciélagos. Casi en el centro y al final de este, una pequeña entrada, que con ayuda de palas y picos suelen agrandar para pasar a un corredor espacioso iluminado por una suave luz que penetra a la bóveda por pequeñas hendiduras entre las rocas. Es un salón alargado y húmedo, por el suelo corre un pequeño manantial de aguas cristalinas.
Con bastante dificultad se puede penetrar a otro pasadizo, pero hay que salir rápido porque allí la atmósfera esta enrarecida y él oxigeno es escaso. Da la impresión de que este corredor continuara. Dicen que hace muchos años por esta cueva se llegaba hasta Colombia.
Los habitantes de la aldea Canea dicen que la Cueva de Los Santos y todo el cerro de Capote, así como sus alrededores están encantados, pero sus encantos aparecen y desaparecen. Los aldeanos no les temen, dicen que son encantos positivos.
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Corrientes de agua muy comunes en los alrededores de la Cueva de los Santos
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Bosques de pino circundantes a la cueva |
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Entrada a la Cueva de los Santos |
Doña Clara contaba que una vez cuando estaba pequeña, llego a las inmediaciones del cerro y noto que el terreno estaba hundido como un círculo como si fuera una paila. Dentro de esta sima crecían árboles corpulentos y a un lado, ya en los limites del cerro, por entre lajas, se encontraba una abertura ovalada, como, si fuera una gran puerta. Ella mira hacia su interior y no se vio nada porque estaba oscura. Iba persiguiendo suiras, - pequeñas palomitas de monte sin cola -. Se quedo intrigada y volvió al otro día. En su lugar encontró llanuras y maleza; la sima y la abertura habían desaparecido; Paso infinidad de veces por el lugar, pero nunca volvió a encontrar el extraño paraje.
Una amiga de doña Clara vio por esos alrededores, a la puerta de una cueva, a un hombre con pomposa vestidura de color escarlata que recordaba a los obispos en sus celebraciones pontificales. Todo él resplandecía con los rayos del sol de mediodía. Tampoco volvió a verlo.
También aparece una choza con una viejita. Dentro de la choza numerosas piezas de cerámica muy fina. Cuando la buscan para comprar cerámica no la consiguen.
Cerca de la Cueva de Los Santos esta el callejón de la Vieja. Seco durante el verano y de aguas tumultuosas en época de lluvia. Bordeando este callejón venia un día don Jacinto. Traía una mochila para comprar alimentos en el mercado de Rubio. Era muy de mañana y apenas los rayos del sol naciente comenzaban a iluminar las lajas del cerro. Camino por monte y llanura. Fatigado se orillo y al acostarse a una piedra para descansar un rato la tierra se hundió y se vio dentro de una cueva. Era un salón muy grande de paredes y techo de roca iluminado por una suave claridad blanco-azulada. Se comunicaba con un huerto de naranjos. Había mucha gente. Lo llamaron por su nombre y lo saludaron con cariño, luego lo invitaron a comes patatas cocidas y una pizquita. Una vez que hubo desayunado, le ofrecieron una naranja. El la tomo agradecido y como no tenia hambre la guarda en la mochila. Era una naranja grande y madura que despedía exquisito aroma.
Antes de partir le dijeron:
.- Siga por allí, ese corredor sale al cerro de La Vieja, tenga cuidado, que la cueva esta encantada y al salir la vieja le puede gastar una broma.
Don Jacinto cumplió las ordenes y siguió el pasadizo. Luego desde el cerro de La Vieja, en Pamplona, bajo hasta Cúcuta y de allí tomo el camino real hasta Rubio.
Muchos días transcurrieron. Caminó por cerros y valles por caminos empedrados. Cuando llego a su casa al atardecer encontró mucha gente rezando el novenario: Todos lo miraron asombrados creyendo que se trataba de un espanto. Él contó su historia, les hablo de la cueva, del hermoso huerto de naranjas y para demostrar que decía la verdad saco la naranja de la mochila. La naranja se había vuelto pesada y no podía sujetarla con una sola mano. La agarro con las dos manos y se la mostró a su familia. Todos exclamaron maravillados:
.- ¡Es de oro....!
Poco después de don Jacinto y su familia enriquecidos por la naranja de oro partieron del lugar no sabemos a donde.
La Cueva de Los Santos la visitan a menudo excursionistas y científicos. No sabemos si continúan apareciendo los encantos
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Visión de Evita Nieto:
La NiÑa de los Milagros
Jesús Acevedo S. ("Junín y su patrimonio" , obra en preparación). |
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El doce de abril de 1943, muere en Rubio, a la edad de quince años la niña Eva Nieto hija de los esposos Sr. Enrique Nieto y María de la Cruz Sayago de Nieto. Ya a la corta edad de los 11 años se dedica a la labores de catequista en la Iglesia Santa Bárbara de Rubio.
La niña a pesar de que sus padres vivían en el sector de la Quiracha, aldea Cuquí, vivía en unión de la familia Alarcón en el centro de la ciudad. Desde muy niña se dedicó a las acciones caritativas en ayuda de los niños más desamparados, y vivía entregada a las labores de la Iglesia en donde se dedicaba a labores de catequesis.
A la edad de los 14 años muere a causa de un tétano y es enterrada en el cementerio Municipal. La desaparición de Evita llenó de consternación a su señora madre, quien vivía en un eterno llanto y muy enferma. A los pocos días de su muerte según revelación del padre Sierra se le aparece en una visión y le solicita que debía de decirle a su madre que dejara de padecer ya que ella se encontraba bien y que ella era una santa y que estaba al lado de Dios y de la Virgen. El mensaje lo mantuvo oculto durante un tiempo el sacerdote hasta que ya enterado de los padecimientos de la señora Nieto por la muerte repentina de su hija, en visita a Doña María de la Cruz se lo manifestó personalmente en su propia casa de habitación.
La noticia creció como pólvora en medio de la pequeña dimensión del Rubio de 1943, y ello conllevó a que muchas personas empezaran a visitar su tumba y solicitarle su intercepción divina. Con el pasar de los tiempos la veracidad de los hechos milagrosos se hizo más popular y la tumba se convirtió en el sitio de preferencias de propios y extraños, mayormente de los estudiantes quienes en los meses de julio con el avenimiento de los exámenes finales llenan de flores y de cuadernos su tumba.
Evita Nieto constituye dentro del mundo mágico espiritual y religioso de la población de Rubio uno de los símbolos mayores de santidad y divinidad, lo cual ha conllevado a que el pueblo la llame: “LA NIÑA DE LOS MILAGROS“ y “LA SANTA DE LOS ESTUDIANTES”.
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De flores y aromas,Dios cubra tus sueños

Evita Nieto
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Tumba de Evita Nieto en el Cementerio Municipal de Rubio |
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Nuestro Municipio |
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Videos "Made in Rubio " |
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